miércoles, 30 de enero de 2013

Argumentar



Argumentar no es dar a conocer; no es exponer; no es presentar.
Es defender; es atacar ideas. Cuando se defiende una idea, se argumenta. Cuando se ataca una idea, se argumenta. Se interponen razones para defender; se utilizan razones como lanzas para atacar una idea.
Un argumento es un conjunto de razones que defiende o ataca una idea principal, denominada “tesis”.

Las razones son producto del hemisferio izquierdo; apelan al razonamiento, a la inteligencia. El razonamiento es la hilación de ideas que conducen  a una conclusión. Razonamos y obtenemos conclusiones que se desprenden del razonamiento. El razonamiento es el conjunto de operaciones mentales que entrelazan ideas; de esa relación de ideas se derivan conclusiones.
Con el razonamiento inductivo obtenemos conclusiones generales; con el razonamiento deductivo las conclusiones son particulares.

Insisto, razonar consiste en articular ideas.
En un discurso argumentativo se articulan razones.
Un sinónimo de argumentar, en este hilo discursivo, es fundamentar. Yo argumento cuando fundamento mi dicho, cuando ofrezco las bases sobre las que me apoyo para afirmar algo. Argumento cuando respaldo lo que digo.
“Un punto de vista que no está basado en pruebas es un prejuicio” (Ronson, R. 2012. ¿Es Usted Un Psicópata? Barcelona: Ediciones B, p. 2) Tiene sentido el trabajo del profesor investigador cuando relaciona sus afirmaciones con demostraciones empíricas. Su trabajo es científico en tanto sus afirmaciones tienen un sustento metodológico demostrable.
Los criterios que guían a la argumentación son distintos:
  • Validez, si la conclusión de desprende de las razones o de los argumentos.
  • Coherencia, si las aseveraciones de respaldo están relacionadas con la tesis.
  • Consistencia, si carece de contradicciones.
  • Suficiencia, si el número de aseveraciones es el adecuado.
  • Contundencia, si las aseveraciones logran el propósito.

Un argumento admite aseveraciones falsas; se construyen argumentos con aseveraciones equivocadas o erróneas. Sea que se conozca que son falsas o no. Es suficiente que parezcan verdaderas. Hablamos de verosimilitud. Lo verosímil es lo que tiene apariencia de verdadero, que puede ser verdadero, creíble. Por esta circunstancia no debe sorprendernos la existencia de argumentos basados en aseveraciones que parecen ser verdaderas, pero que en realidad son falsas. Basta la apariencia de verdad o de falsedad para ser usadas en un argumento. Esto tiene un sentido práctico: Es difícil y en ocasiones imposible determinar la conformidad de las afirmaciones con la realidad.
Tesis falsas pueden ser argumentadas tanto como tesis verdaderas. Entonces la argumentación es una construcción verbal; es un objeto discursivo. Los hechos no se argumentan, sino las posiciones estimativas que provoca un objeto, evento o situación valorativa. Lo debatible, lo discutible, lo polémico es objeto de la argumentación. Los hechos no se discuten; se evidencian a sí mismos. No discutimos si las cosas son así; más bien discutimos y opinamos sobre cómo deberían ser.
En un argumento encontramos, en general, una posición estimativa o valorativa. Reaccionamos a favor o en contra de algo. Aprobamos o reprobamos. Cuando le agregamos nuestras razones, argumentamos. Cuando nuestras afirmaciones carecen de respaldo, expresamos apenas nuestro prejuicio. Sin sustento no hay argumentación.
Puede resultar un buen ejercicio intelectual identificar los contraargumentos. Porque prácticamente cualquier idea debatible se puede argumentar a favor, pero esa misma idea puede ser argumentada en contra. Usualmente defendemos las posiciones valorativas más afines con nuestros valores y atacamos las posiciones que ofenden nuestras creencias.
La argumentación está relacionada con el mundo intelectual de las intenciones. Las aseveraciones argumentativas tienen el propósito de conseguir un objetivo. He señalado que, en general, en un argumento se acepta o se ataca una idea. En un argumento se monta la intención de aceptar o atacar. La intención se declara explícitamente o se deduce implícitamente, se entiende incluido, sin expresarlo.
Del sentido del conjunto de aseveraciones desprendemos una intención de aprobar o reprobar una idea. Encontramos argumentos con propósito implícito. Si bien no se expresa claramente la intención, en el sentido que llevan las aseveraciones desprendemos la intención conjunta de las aseveraciones. De esta lectura inductiva podemos derivar el propósito argumentativo.

            Debe puntualizarse que el discurso argumentativo es una ficción lingüística; es una creación del pensamiento y por lo tanto no necesariamente corresponde a la realidad, aun cuando la ficción se confunda con la realidad.

miércoles, 9 de enero de 2013

Inteligencia

No sirve huir del debate sobre si se puede aumentar la inteligencia o no.
Se comprometen las implicaciones con alguna postura que se adopte.
1. La inteligencia no aumenta.
2. La inteligencia si aumenta.
Al adoptar la primera postura, se descartan los medios para modificar algo que ya está dado.
Al adoptar la segunda postura, se admite el ensayo de medios para conseguir su modificación en cantidad y calidad. Si la inteligencia mejora, los intentos por mejorarla tienen un efecto positivo. Si no, el efecto es inocuo.

¿Hablamos de mejorar, incrementar, aumentar, desarrollar la inteligencia? ¿Es eso posible?

Al preguntarnos qué tan valiosa se considera la inteligencia como para ocuparse de ella, nos encontraremos ante una mirada epistemológica, o sea, qué importancia tiene el objeto denominado inteligencia en el sentido de la existencia humana.






En el campo de la política (poder y gobierno) se pregunta uno por quién define inteligencia. En el campo de la argumentación adopta uno cierta definición y la justifica, la defiende.

Inteligencia es pensamiento.
Una persona inteligente es una persona que piensa con claridad y precisión.
La inteligencia tiene que ver con el pensamiento.
Hay quienes (otros no) adoptamos una definición de inteligencia que le asigna un papel esencial al pensamiento. 
En las organizaciones humanas donde se construye el conocimiento, resulta coherente el énfasis en el pensamiento para definir la inteligencia.

Pero, ¿qué es la inteligencia? Seguramente me dirán que depende de quién la defina. Y tienen razón.

Para los autores de pruebas de habilidad intelectual, la inteligencia es el conjunto de habilidades para responder a ciertas exigencias de tipo mental.

Hay quienes descalifican las pruebas de inteligencia.
Pero si no fuera por las pruebas de inteligencia, no sabríamos de individuos que poseen un cociente intelectual superior al promedio. Tampoco sabríamos de personas que tienen un C.I. inferior al promedio del grupo al que pertenecen. Las pruebas de inteligencia siguen siendo un referente científico en el mundo educativo y laboral. Se admite de buen agrado como explicación científica la distribución normal de mediciones de inteligencia, donde la mayoría de la población se desempeña con una inteligencia normal.

 ¿Sabían que existe una organización internacional llamada MENSA (del latín mesa) donde se pretende debatir sobre las más diversas áreas del conocimiento humano sin importar la nacionalidad, color, religión, ideología política o estatus social y que a la fecha participan miembros de más de cien países? Sus miembros pertenecen al 2% de la población mundial con el cociente intelectual más alto (mayor a 132 en la Escala Estándar o mayor a 148 en la Escala de Cattell.
Por si alguien tiene interés en probar suerte, la dirección es: http://www.mensa.org/
Localiza en este sitio el grupo MENSA en tu país.
Mensa internacional

La prueba de inteligencia TERMAN mide las siguientes competencias o habilidades para:


  1. Abstraer información del medio ambiente por asociación.
  2. Seleccionar las experiencias previas para aplicarlas a situaciones prácticas.
  3. Manejar conceptos y símbolos verbales.
  4. Clasificar información sobre criterios lógicos.
  5. Analizar medios para lograr resultados en problemas complejos.
  6. Formular juicios acertados sobre la realidad.
  7. Seleccionar conceptos sobre el criterio de similitud.
  8. Elaborar planes de acción globales en la solución de problemas.
  9. Organizar conceptos sobre criterios de jerarquía.
  10. Deducir pautas de números, símbolos y proporciones.

Como puede apreciarse, para el TERMAN, la inteligencia es un asunto cognitivo, del pensamiento.

No se descarta que se aborde el estudio de la inteligencia con otros enfoques, diferentes del componente mental.

A menudo juzgamos "cuán inteligente" es una persona. En ese juicio va implícito un componente mental. Relacionamos a personas con un valor relativo de inteligencia y decimos que si fulano es más o menos inteligente que mengano. 

Los resultados de las pruebas de inteligencia con este enfoque son referencias en las que se apoyan decisiones laborales y educativas.

Si el aprendizaje tiene como propósito adaptarnos al ambiente y sus exigencias, entonces necesitamos saber cuáles son nuestras disposiciones de adaptación. La inteligencia es una posibilidad de adaptación. Es innata y común. Pero este atributo humano, no es poseído ni ejercido en la misma medida ni con las mismas posibilidades. Se negocia su desarrollo con el grado de exigencia de las tareas que nos impone el ambiente.

Es por la información que nos proporcionan las pruebas de inteligencia como podemos explicar parcialmente el rendimiento escolar y laboral.

Es probable que de manera general las puntuaciones de C.I. se distribuyan normalmente entre la población: Una gran mayoría dentro de la normalidad y pequeños porcentajes tanto por arriba y como por debajo de la media.

Esta información es valiosa para quienes enseñamos en instituciones educativas porque nos permite formular diagósticos de quiénes necesitan ayuda en sus procesos de aprendizaje, ayuda tanto cognitiva como afectiva, social y volitiva. 

Es de esperarse que después de un proceso de fortalecimiento de las estructuras mentales, las habilidades del pensamiento sean más eficaces y por ende aumente la puntuación en pruebas de inteligencia.

Las pruebas de inteligencia pretenden diagnosticar el éxito escolar. Esto no es extraño al evaluar el repertorio cognitivo con que el individuo cuenta para enfrentar tareas de tipo intelectual.

Hay quienes les cuesta trabajo rendir a la exigencia de la escuela. A unos más que a otros. No debería causar sorpresa que la dificultad de un alumno para funcionar adecuadamente en la escuela esté relacionada con sus bajas puntuaciones en pruebas de inteligencia, como se ha podido constatar.

Algunos profesores de pensamiento esperan y procuran que sus alumnos piensen con claridad y eficacia. Asociamos a una persona inteligente a una persona que sabe pensar. Creemos que una persona inteligente piensa con precisión. El pensamiento crítico y reflexivo es atributo de una persona inteligente.

Creemos que la inteligencia puede ser aumentada si aumentamos la calidad y cantidad de habilidades del pensamiento. Y esto con práctica deliberada, consciente, gradual y sistemática.

Subyacen creencias en el ejercicio profesional del docente. Analicemos dos posturas relacionadas con la enseñanza de habilidades del pensamiento. Aplicaremos la Apuesta de Pascal para razonar.